Pronto asomó entre las aguas un cono volcánico que escupió lava durante cuatro años y formó una isla de tres kilómetros cuadrados: el islote de Surtsey, una maravilla de interés planetario porque permitió que los biólogos asistieran a un proceso de colonización natural en un terreno absolutamente virgen. En el segundo año de las erupciones apareció la arenaria de mar (Honckenya peploides), la primera planta que colonizó Surtsey.
En los años siguientes nacieron musgos y líquenes. Ahora, cuatro décadas más tarde, en el islote ya se encuentra el 90% de las especies islandesas, incluidas aves, peces o insectos. Una de las que falta es la humana: Surtsey es terreno restringido y sólo pueden pisarlo científicos autorizados.
Info: Diariovasco


Sin comentario