Trip to Reykjanes II

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La península de Reykjanes se ha convertido en una de mis rutas favoritas cada vez que recibo visitas en Islandia. Esta segunda escapada a la zona confirma lo que ya sospechaba: es el lugar perfecto para comenzar cualquier aventura islandesa, especialmente cuando recoges a alguien especial en el aeropuerto de Keflavík.

La gran ventaja de Reykjanes es su ubicación estratégica. Situada a pocos kilómetros del aeropuerto internacional, esta península volcánica permite aprovechar al máximo las primeras horas en Islandia sin necesidad de conducir directamente a Reykjavík. Es el antídoto perfecto contra el jet lag: aire fresco del Atlántico, paisajes dramáticos y esa sensación inmediata de estar en otro planeta.

Durante esta segunda visita, nos dirigimos nuevamente hacia la zona del faro de Reykjanesviti, uno de los puntos más emblemáticos de la península. El camino hasta allí es todo un espectáculo, con campos de lava cubiertos de musgo que parecen sacados de un cuento de hadas y formaciones rocosas que testimonian la intensa actividad volcánica de la región.

El faro en sí, con su característica pintura amarilla, se alza desafiante frente al océano. Los acantilados circundantes ofrecen vistas espectaculares de las olas rompiendo contra las rocas volcánicas negras. En días despejados, la luz del Atlántico Norte crea un contraste increíble con el paisaje lunar que caracteriza esta área. Recomiendo llevar cortavientos incluso en verano, ya que el viento aquí puede ser bastante intenso.

Cerca del faro se encuentra Gunnuhver, una zona geotérmica impresionante con fumarolas activas que recuerdan constantemente que Islandia es una tierra viva y en constante cambio. El vapor que emerge de la tierra y el olor a azufre son experiencias sensoriales que marcan el inicio perfecto de cualquier viaje por la isla.

Para quienes planeen hacer esta ruta, sugiero dedicarle al menos 2-3 horas a la península antes de continuar hacia la capital. Además del faro y las zonas geotérmicas, merece la pena visitar el puente entre continentes en Sandvík, donde literalmente puedes caminar entre las placas tectónicas de América y Europa.

Un consejo práctico: si llegas en un vuelo matutino, esta ruta es ideal porque la mayoría de alojamientos en Reykjavík no permiten check-in antes de las 14:00 horas. Aprovechar ese tiempo en Reykjanes transforma la espera en una aventura memorable.

Compartir estos paisajes con familia hace que la experiencia sea aún más especial. Ver sus caras de asombro ante la crudeza y belleza de este rincón islandés nunca deja de ser emocionante. Reykjanes puede que esté cerca del aeropuerto, pero su magia está muy lejos de lo ordinario.

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